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martes, 10 de septiembre de 2024

ELIGE SIEMPRE VIVIR

 La humanidad en general vive en un estado de sueño, de letargo, y por esta misma razón sufre de la enfermedad más dominante, que es la ignorancia de uno mismo, de su destino, del sentido de la existencia.





Acomodados a la situación en la que se encuentran, los individuos se quejan, pero no hacen casi nada para cambiar los factores degenerativos del conjunto social, normalmente presentes en sí mismos.


Se lamentan por una necesidad masoquista de inspirar compasión, no hacen ningún esfuerzo real para superar todos los obstáculos que aparecen como amenaza o impedimento para su progreso.


La conciencia del sueño predomina en el mundo moderno, debido a sus concesiones al placer inmediato, sin propuestas ni oportunidades para liberar las emociones. Así, la sociedad se divide en grupos que son hostiles entre sí, distanciándose cada vez más unos de otros, cuando convendría eliminar las barreras separatistas, y no mantener la ignorancia de las infinitas posibilidades de realización y despertar.


Inevitablemente, surge el momento en que el ser es inducido a despertar o permanecer en la muerte de la realidad.


Para despertar del pesado sueño al que está sometido, todo el esfuerzo posible es necesario, para que pueda romper las cadenas que lo atan al proceso de autocompasión e infelicidad, de baja autoestima y falta de respeto para sí mismo.


Estar despierto es sentirse pleno, consciente de la realidad interior y de las infinitas posibilidades de crecimiento que están a su alcance; liberarse de los miedos que le inmovilizan, redescubrir la alegría de vivir y de actuar, ampliar el campo de la comunicación con la naturaleza y todos los seres; multiplicar los medios de dignificación humana, poniéndolos al alcance de todos, sometiéndose a la elocuente propuesta de iluminación que se puede encontrar en todas partes...



Veremos los siguientes ítems inspirados en los textos de Allan Kardec, Joanna de Ángelis y Emmanuel que se citan al final en la bibliografía recomendada.

    - Alegría de vivir
    - Diferentes causas de suicidio
    - Pensamiento ideal
    - Autoestima
    - Imperativos de la paciencia

-- PROPUESTAS

    - Educación
    - Lecturas edificantes diarias
    - Agradecimiento
    - Oración
    - Servicio al prójimo
    - Meditación
    - Autoiluminación


-- OPTAR POR LA VIDA
 

La conciencia de responsabilidad y de seguridad no se alcanza automáticamente, más bien es adquirida por el esfuerzo personal constante. Esa adquisición no se logra de repente, sino en el día a día, de hora en hora, a través de las pequeñas cosas hasta alcanzar las grandes conquistas.


El individuo debe optar por sí mismo como escribió Kierkegaard, el filósofo y teólogo danés del siglo XIX.


Optar por si mismo significa el resultado de un análisis exhaustivo de la vida y de sus finalidades extraordinarias, representando un esfuerzo para vivir, para descubrir que uno mismo existe, y que nada, jamás, puede destruir su realidad.


Descubrirse como un@ es, y aceptarse, constituye la opción por si mism@, perfeccionándose para nuevos y futuros logros que llevan al cumplimiento de su destino de ser pensante, facultando el discernimiento de realizar sus aspiraciones fundamentales, esenciales.


Es cómodo aunque trágico huir psicológicamente de la vida, sin conseguirlo jamás realmente. El hombre forma parte de un conjunto armónico que constituye la Creación. Su desarmonía dificulta el orden, el equilibrio general, que el debe esforzarse por no desorganizar.


El egoísmo, hijo de la inmadurez, lo vuelve exigente e ingrato, llevándolo a la rebeldía cuando es contrariado en sus pasiones infantiles, lo que le propicia las distorsiones psicológicas y los primeros pensamientos sobre el suicidio.


Por otro lado, aparecen individuos que se aferran a los objetivos que se les representan como vida: amar apasionadamente a alguien, cuidar de otros, dedicarse a una labor, a una tarea artística o no, a un ideal o a la abnegación, y que concluida la motivación se niegan a vivir, debilitándose emocionalmente hasta la extenuación y sucumbiendo después...


Estas personas no optaron por si mismas. Realizaron un mecanismo de transferencia, sin que hayan experimentado la belleza de la vida y sus últimas finalidades. Quien se considera libre para morir, asume un compromiso con la libertad para vivir.


La opción por un@ mism@ ofrece una alta responsabilidad para con la vida, un encanto nuevo para descubrir todas las bellezas que estaban oscurecidas por el pesimismo, una libertad con alto grado de movimiento.


El amor se le expresa mas pleno, porque, amándose a si mismo, irradia este sentimiento en todas las direcciones y llena todos los vacíos interiores con alegría y realización, mediante la auto-disciplina, que se revela como guía eficaz de los pensamientos y actos de libertad.


- La alegría de vivir

La vida es un poema de belleza, cuyos versos se componen de propuestas de luz, escritas en la partitura de la Naturaleza, que exalta su presencia en todo lugar.


En consecuencia, la oportunidad de la existencia física constituye un cuadro separado de encanto y conquistas, a través de cuyo aprendizaje la vida del ser humano es un poema de gran belleza.


Hay sol y armonía por todas partes, invitando a la paz y a la participación en su feliz conjunto. Sin embargo, sólo la criatura humana, se presenta como triste, marcada por una salud moral influenciada por actitudes y acciones del pasado, de compromisos mal orientados, de realizaciones desastrosas, transfiriéndolas de una etapa para otra, hasta que resuelva solucionar las dificultades desde dentro hacia fuera, para de esa forma alcanzar sus objetivos con un esfuerzo dirigido adecuadamente.


Es necesario, por tanto, que la alegría de vivir forme parte activa del programa de la construcción personal de la criatura inteligente. Aprovechando al máximo toda la magia existente que ofrece el Universo, retomando la maravillosa fuerza interior que está al alcance de todo aquel que desea elevarse, liberarse de los tormentos y ataduras con el pasado.


El destino del ser humano es la libertad. Ser libre significa no ser dependiente, sino optar por lo que constituye una emulación para la victoria; no aferrarse al pasado, ni preocuparse por el futuro, viviendo el presente en paz y con alegría.


A medida que el ser humano madura psicológicamente, la alegría de vivir constituye una poderosa razón para la búsqueda de la iluminación. Esa alegría no excluye, desde luego, los episodios de reflexión por el dolor, de ansiedad por el amor, de espera por la salud , la presencia de la enfermedad, la angustia momentánea, de inquietud ante lo que está ocurriendo.


Estos fenómenos, aunque forman parte del curso existencial, no eliminan la alegría, sino que le dan razón de ser, porque después de cada desafío le sigue una victoria; después de cada prueba le sucede una conquista; en cada aventura de dolor presenta un nuevo nivel de equilibrio, haciendo de la alegría una constante y motivación para la producción de nuevos valores.


La alegría proporciona al cerebro un mayor aporte de enzimas especiales encargadas de producir salud facilitando la risa. Es un potente estimulante de la producción de inmunoglobulina salival (sIgA), portadora de factores inmunizantes, que propician la equilibrio orgánico constante, evitando la invasión de diversos virus y bacterias perjudiciales.


Cuando te ríes, se estimulan preciosos músculos faciales y generales, eliminas toxinas nocivas acumuladas, que acaban intoxicando al individuo. La risa es una forma de expresar alegría, sin que sea necesaria una carcajada estruendosa, nerviosa o descontrolada en su exteriorización.


Hoy en día, la risoterapia es un recurso precioso para evitar ciertas alteraciones, también ayuda en la la recuperación de patologías graves, especialmente las infecciosas, degenerativas de la máquina orgánica y diversos trastornos emocionales y psíquicos.



El autoconocimiento revela al individuo sus posibilidades y limitaciones, abriendo espacios para la renovación y la conquista de nuevos horizontes de salud y plenitud, sin conciencia de culpa, sin estigmas.


Por tanto, la Psiconeuroinmunología viene a demostrar que el estado de la salud puede ser alcanzado por el propio individuo que decide renovarse y creer en sí mismo, en sus inmensas reservas de energías, en el valor de sus conquistas. Perfectamente compatible con la Ley de Causa y Efecto, los logros positivos pueden eliminar o disminuir el peso de los negativos y perjudiciales.


La criatura humana es su psique. Según como actúe, así serán las manifestaciones del mundo del "yo" y del Ser.


El pensamiento, por tanto, cuando está bien construido, actúa sobre el mecanismo del sistema nervioso, en el cerebro, y estos, conjugados, producen enzimas protectoras que hacen que el organismo sea inmune a muchas invasiones de agentes destructivos, propiciando la salud.


La alegría de vivir es una invitación a una existencia rica en producciones morales, espirituales, artísticas, culturales, estéticas y nobles.


La fatalidad existencial es dejar de vivir bien, que es una de los objetivos humanos. Vivir bien, que es una conquista personal, intransferible y especial que nunca puede alterarse ni perderse, fomentar la felicidad y trabajar por la paz que todos anhelan.


- Diferentes causas

Todas las grandes preocupaciones del espíritu pueden ocasionar la locura: las ciencias, las artes e incluso la religión proporcionan su contingente. La causa principal de la locura es una predisposición orgánica del cerebro, que lo hace más o menos sensitivo a ciertas impresiones. Dada una predisposición a la locura, esta tomará el carácter de la preocupación principal, en cuyo caso se convertirá en una idea fija. Esa idea fija podrá ser la de Dios, los ángeles, el diablo, la fortuna, el poder, un arte, una ciencia, la maternidad, un sistema político o social, los Espíritus, etc.


Entre las causas más numerosas de sobreexcitación cerebral, es preciso contar las decepciones, las desgracias y los afectos contrariados, que son al mismo tiempo las causas más frecuentes de suicidio.


Ahora bien, el verdadero espírita observa las cosas de este mundo desde un punto de vista tan elevado, que le parecen pequeñas y mezquinas comparadas con el porvenir que lo aguarda; la vida es para él tan corta y fugaz, que las tribulaciones no le resultan más que los incidentes desagradables de un viaje.


Lo que a otros les produciría una violenta emoción, a él lo afecta medianamente. Sabe, por otra parte, que los pesares de la vida son pruebas que sirven para su adelanto si las sufre sin murmurar, porque será recompensado según el valor con que las haya soportado. Así, sus convicciones le otorgan una resignación que lo preserva de la desesperación y, por consiguiente, de una causa incesante de locura y suicidio.


Conoce, además, por las comunicaciones con los Espíritus, la suerte angustiada de los que abrevian voluntariamente sus días, y ese cuadro es apropiado para hacerlo reflexionar.


Por ese motivo el número de los que han rechazado esa decisión funesta de abandonar la vida voluntariamente gracias al Espiritismo es considerable. Que los incrédulos se rían de él cuanto quieran. Por mi parte, les deseo el consuelo que la doctrina espírita proporciona a todos los que se han tomado el trabajo de sondear sus misteriosas profundidades. (Allan Kardec) L.E. Introducción.



- Pensamiento ideal


Como todas las expresiones de la evolución dependen del pensamiento, porque provienen de él, es fácil pensar que sustituyendo el que sea incorrecto por otro que parezca favorable. Para aquellas personas que digan no saber cómo discernir cuál es el pensamiento ideal del otro que es pernicioso, basta con hacer una evaluación de aquel que le sirvió como apoyo en una determinada situación o lo que experimentó y fue causa de perturbación, pasando así a realizar nuevas construcciones de pensamientos.






Al principio, la acomodación llevará al individuo a repetir el error y a no creer en el éxito de la tarea que acaba de comenzar. En este caso, depende del individuo insistir y perseverar, abriendo un nuevo espacio en el campo mental viciado, plantando las nuevas semillas de optimismo y esperanza, para salir de ese estado enfermizo. Después, es esencial empezar a valorar todo lo que le rodea, estableciendo nuevas pautas de entendimiento, para liberarse de las construcciones negativas-pesimistas.


El nuevo hábito se implantará lentamente en el subconsciente hasta que se convierta en una parte integral del comportamiento.


Pensar bien o mal es una cuestión de costumbre. Cada vez que ocurre un pensamiento servil, malsano, perverso y malicioso injusto, sustitúyelo inmediatamente por uno digno y saludable, amoroso, confiado, justo, sosteniéndolo con una energía firme del deseo de que sea así.


Lo que uno piensa se convierte en realidad, como es natural. Por eso, pensar y actuar son términos de la misma ecuación existencial. Primero pensar, luego actuar, para no arrepentirse cuando se empieza a reflexionar.


Las construcciones mentales superiores, que producen los hábitos saludables se renuevan y crecen en el ser, originados en el Espíritu, que los capta desde el Pensamiento Divino, del que proceden todas las fuerzas de edificación y de realización total.


- Autoestima (Autoamor)


El individuo está siempre en el momento presente, que es su instante decisivo. Por lo tanto, el pasado no puede servir como parámetro, excepto para aprender a no repetir errores, ya que es irrecuperable, pero reparable.








No hay nada que pueda ser recuperado en el área moral que ha sido comprometida, siempre que haya un interés real, se puede corregir. Por lo tanto, es negativo mantener la nostalgia por lo que ya ha pasado, sentirse frustrado por lo que a uno le gustaría que ocurriera pero no ocurrió, o profundamente arrepentido por el fracaso del que fue objeto.


Esos sentimientos no pueden modificar las consecuencias desencadenado en el pasado, sin embargo, pueden reformular las bases de la acción que se repetirá en una nueva forma, así modificando los resultados futuros. Por eso debemos perdonar todo y a todos, también perdonarse a sí mismo, recomponerse emocionalmente uno mismo y continuar la tarea donde se extravió.


Una vida interior bien dirigida enseña al individuo a aceptarse a sí mismo tal como es, sin querer imitar modelos transitorios.


Ser auténtico con uno mismo, amarse a sí mismo, sin derivar ambiciones inspiradas en el egoísmo, ni creerse mejor que que otros, es una victoria sobre los conflictos y complejos que atormentan y permiten la devaluación de la persona, amargada por las luchas internas y los fracasos externos.


Aceptándose a sí mismo como es, desarrollando los recursos internos para crecer más y conquistar nuevos valores morales, el ser alcanza la meta de las ambiciones que anhelaba, sin saberlo, sin sufrir los impactos perturbadores de las alturas, ni las aflicciones de los serviles.


Este comportamiento sugiere la experiencia del amor, como una forma de lucidez. Al amar, uno busca olvidarse de sí mismo para darse a sí mismo, enriqueciéndose mientras promueve a los demás.


Este despliegue de sentimientos afectivos constituye el momento glorioso de autorrealización, cuando el ser canta una canción de entusiasmo por la vida, exaltándola y glorificándola dentro de uno mismo a sí mismo y alrededor de sus propios pasos. Esta manifestación del amor brota de dentro, como un sol que sale suave y hermoso, elevándose hasta alcanzar su máximo, con una diferencia, que este Amor nunca decae, permaneciendo para calentar e iluminar.


Mientras persista el sentimiento de amor-permutación, dar para recibir, o recibir primero para dar después, el egoísmo, el sentido de niño psicológico sigue siendo dominante, dificultando la maduración real.


Este amor que lleva al olvido de sí mismo 
es una conquista interior que dignifica y libera de las pasiones perturbadoras, de las exigencias irrazonables e ilusiones injustificables.


- Los imperativos de la paciencia


Es probable que pocos amigos piensen en esto: paciencia como inmunización contra el suicidio.


En las áreas de la actividad humana, muchas veces, surgen para la criatura determinados picos de provocación, para cuya travesía no siempre va a estar a el conocimiento superior. Es necesario que el alma se apoye en el bastón invisible de la paciencia, a fin de no caer en sufrimientos mayores.


Tener paciencia no solo es saber esperar, es comprender
cuando no se da algo en el momento en que lo esperas.


Si te encuentras bajo el impacto de conflictos domésticos, ante aquellos que  generan vibraciones negativas, usa la tolerancia tanto como sea posible, en auxilio a la seguridad del grupo familiar al cual te vinculas. La práctica del Evangelio en el Hogar genera una transformación con actitudes positivas y modela a los miembros para una adecuada convivencia.


En las decepciones, sean cuáles fueren, reflexiona en el valor de la ponderación en tu propio beneficio.


Antes los golpes que te lancen, olvida las injurias y los agravios, y piensa en las oportunidades que te darán el apoyo defensivo fortaleciendo el desapego.


Bajo acusaciones que reconozcas y merecidas, olvida el mal, y no alimentes el fuego de la discordia.


Cuando te falte actividad profesional, continúa actuando, tanto como puedas, en las tareas de auxilio espontáneo a los demás, aprendiendo que la actividad noble atrae actividades nobles, y, con eso, pronto estarás en nuevas posiciones de servicio, según tus necesidades.


Si el desánimo te amenaza por este o aquel motivo, recuerda la importancia de tu ayuda fraternal en apoyo de alguien, y no te des el lujo de paradas improductivas.


En cualquier obstáculo a superar en el camino, conserva la paciencia por apoyo y guía, y crea pensamientos confianza en la divina Providencia, seguirás adelante, apartando la tentación de la fuga de la realidad y reconociendo, en poco tiempo, que hay siempre un futuro mejor para cada un@ de nosotr@s y que, en todas las tribulaciones de la existencia, vale la pena esperar el auxilio de Dios.


En esta fase del desarrollo de la vida interior, el ser comienza a creer en su destino espiritual, que es la conquista de la felicidad. A partir de este momento y tranquilizado en cuanto a los factores que le debilitan, avanza sin preocuparse de los errores que quedan en la retaguardia.


Sólo creyendo en las propias posibilidades y esforzándose por vivirlas, a pesar de los obstáculos que surgen, es como puede alcanzar con éxito el final del viaje interior y de autodescubrimiento, utilizando las técnicas que pueden aplicarse para aprovechar los beneficios de esta realización.


El acto de aprender a amar lo que uno hace, a hacer bien lo que a uno le gusta, compartir con todos las alegrías y esperanzas de la vida en el triunfo, da pleno sentido al ser existencial que ahora puede hacer todo lo que hizo Jesús, identificándose con Dios. ("las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré. Juan 14:12:17)


La pregunta 950 de "El libro de los Espíritus" expresa ¿Qué pensar del que se quita la vida con la esperanza de llegar más pronto a una vida mejor? Los Espíritus Superiores responden: “¡Otra locura! Que haga el bien y estará más seguro de alcanzarla. El suicida retrasa su entrada en un mundo mejor, y él mismo pedirá volver para concluir esa vida que interrumpió debido a una idea falsa. Una falta, sea cual fuere, nunca abre el santuario de los elegidos.”


Todo sacrificio hecho a expensas de la propia felicidad es un acto altamente meritorio ante Dios, porque consiste en la práctica de la ley de caridad. Ahora bien, dado que la vida es el bien terrenal que más aprecia el hombre, el que renuncia a ella por el bien de sus semejantes no comete un atentado, sino que lleva a cabo un sacrificio. No obstante, antes de hacerlo, debe reflexionar acerca de si su vida no podría ser más útil que su muerte.



- PROPUESTAS



Se hace preciso fomentar una educación que busque rodear al individuo de afectos fuertes y sólidos, para que nunca se sienta solo.

Una educación que trabaja el significado existencial, la resiliencia ante el dolor, el proyecto de vida...

Y sobre todo, una educación que cuida la espiritualidad desde temprana edad y abre una perspectiva de eternidad y trascendencia.




PREVENCIÓN DEL SUICIDIO

 

Cuando la idea del suicidio, quizás, te venga  a la cabeza, Recuerda y Agradece, ante todo, la bondad infinita de Dios, que te instaló en la residencia planetaria, sólidamente estructurada, que te mantiene seguro/a en el Espacio Cósmico.

 

Pide ayuda a un especialista en psicología. En los Ayuntamientos suelen tener también consulta (si puede ser transpersonal tendrá en cuenta otras perspectivas que abarcan las múltiples dimensiones del ser humano que pueden ser de valiosa ayuda).


Ora pidiendo ayuda a los Mensajeros de la Divina Providencia.

 

Medita en el Amor de esos familiares y amigos que disfrutan de tu convivencia.  Aunque no valores en absoluto su cariño,  y a pesar de la imposibilidad en la que te reconoces para medir cuánto vales para cada uno de ellos, es razonable considerar cuántas lesiones mentales les causarías con la violencia practicada contra ti mismo.

 

Si la perniciosa idea sigue torturándote, aunque te sientas mal, refúgiate en un posible trabajo, en el que resultes útil a los que te rodean.

 

Visita un hospital, donde podrás evaluar las ventajas que tienes, frente a la gran cantidad de personas con enfermedades irreversibles.

 

Acude personalmente a una institución de caridad, donde se reúnen hermanos necesitados de todo el apoyo, o al banco de alimentos y ropa, para quienes algunos momentos de diálogo amistoso se convierten en valiosos medicamentos.

 

Visita o llama a alguien que te conoce, comparte tus inquietudes tratando de aliviar la carga de la angustia. Comprobarás como se reducirá.

 

Asiste espontáneamente a los contactos con personas reeducadas que están internadas en las cárceles, con el fin de hacerles algún pequeño favor que requieran.

 

Recordar la lectura diaria de una página esclarecedora, capaz de renovar tus pensamientos.

 

Comprométete al servicio del Bien al prójimo, sea el que sea, y esfuérzate por olvidarte de ti mismo, porque la destrucción voluntaria de tu vida  física no solo representa un acto de desprecio por las bendiciones que enriquecen la Vida, sino también será tu retirada obligada de la intimidad de ti mismo, en la que, por un tiempo indefinible, permanecerás envuelto en tus propios disturbios. (Turbación espiritual después de la muerte física).

 

La oración es un recurso de gran valor para quienes sufren. Debemos orar siempre que nos enfrentemos a un desafío existencial, siempre que nos veamos golpeados por las pruebas de la vida. En este sentido, el Espíritu suicida o quien quiera escapar de la Vida, independientemente de las causas que le provoquen su sufrimiento, precisa buscar consuelo espiritual en la oración.

 

 

EL PODER DE LA ORACIÓN

 

El poder de la oración está en el pensamiento. No depende de las palabras, ni del lugar, ni del momento en que se hace.


Por tanto, se puede rezar en cualquier lugar y en cualquier momento, solo o en grupo. La influencia del lugar y el tiempo se apreciarán según las experiencias favorables que hayamos tenido.

 

La oración común tiene una acción más poderosa, cuando todos los que rezan están asociados de todo corazón con el mismo pensamiento y tienen el mismo objetivo.


Pero, ¿Qué importa conocer a un gran número de personas si cada una actúa de forma aislada y por su cuenta? Cien personas reunidas pueden rezar como egoístas, mientras que dos o tres, unidos por la misma aspiración, rezarán como verdaderos hermanos en Dios, para que la oración que dirijan a Dios tenga más fuerza que la de las otras cien (ESE Cap. XXVII, ítem 15).

 

Mediante la oración, el hombre atrae la competencia de los buenos Espíritus, que vienen a sostenerlo en sus buenos propósitos e inspirar buenos pensamientos.

 

De esta manera, adquiere la fuerza moral necesaria para superar las dificultades y volver al camino recto, en el caso que se haya apartado de él. Así también, puedes alejarte de las consecuencias que atraerías por tus propias faltas. (ESE Capítulo XXVII, ítem 11).

 

Si dividimos los males de la Vida en dos partes, una consistente en males que el hombre no puede evitar, otra de las tribulaciones que él mismo es la causa principal, por su negligencia o sus excesos, veremos que la segunda supera a la primera en gran número.


Por tanto, resulta bastante evidente que el ser humano es el autor de la mayoría de sus aflicciones, de las que se salvaría si actuara siempre con prudencia y sabiduría. Todos los espíritus recomiendan la oración. Renunciar a la oración es ignorar la bondad de Dios; es rechazar su ayuda para ti mismo, y renunciar al bien que puede hacerles a los demás cuando oramos por ellos.  (ESE Cap. XXVII, punto 12).




- Autoiluminación




Después de que el ser humano desarrolló el intelecto y la razón se dió cuenta de que estos logros no eran suficientes para su existencia, porque no lo llenan interiormente.



En el vacío existencial que lo aturde, se diseña la necesidad de auto-iluminación, es decir, el auto-encuentro, la auto-realización.



Este fenómeno es comprensible, porque la iluminación es la venida a la realidad, el encuentro con la realidad, la plenitud íntima.



La autoiluminación ocurre cuando hay una predisposición psíquica, a veces también inesperadamente, como sucedió a Buda, San Francisco y miles de otros, sucediendo de la misma manera cuando el ser está bajo una inmensa emoción, como sucedió con Saulo, cuando vio a Jesús a las puertas de la ciudad de Damasco, o discretamente, en el silencio de la mente y el corazón.



El que se ilumina, descubre la vida en su grandeza y experimenta un sentimiento ilimitado de compasión acompañado de gratitud a todos los que le han precedido, a los contemporáneos y a los que vendrán después...



Esta fascinante experiencia trasciende los logros del intelecto, caracterizando el despertar del sueño convencional y monótono de la vida física y sus exigencias, abriendo un espacio íntimo rico en paz y bienestar.



Con ella se rompe la dualidad del ser, en la que el ego y el yo luchan por la primacía, con seguir armonizándolos en una suave identificación de objetivos, en la que ya no luchan, sino que se unen en un mismo propósito existencial.



Es el ejemplo de células que siempre están activas, pero que no trabajan exclusivamente para sí mismas, sino para el conjunto orgánico, perpetuándose en mitosis hasta el momento del consumo por muerte biológica.



Este es el momento significativo de la expansión del amor, que se mueve más allá del círculo estrecho del ego y del yo, para servir a la sociedad en su conjunto, contribuyendo con armonía y bendiciones de solidaridad y bienestar.



Con la iluminación se adquiere la sabiduría, esta etapa que va más allá del conocimiento, alcanzando el altiplano moral del ser, del encuentro en el mundo con todos y no ser amordazado o encarcelado a nadie.



Se convierte en el que ilumina, aunque no lo desee, en un observador de su propia conciencia, dilatándola y usándola para la compasión y el amor.



Tomando conciencia de lo que le sucede y sucede a su alrededor, supera pasiones emocionales, intereses egoístas y desequilibrios.



De alguna manera, para que ocurra la iluminación, es necesario alcanzar el estado de inocencia, la superación de sospechas y vicios, la modificación de estructuras y conceptos morales.



No se trata de la conquista de una inocencia que existe en los niños, que es la ignorancia sobre las cosas, sino la anulación de la malicia, las intenciones dudosas y envidiosas.



El hombre sabio es inocente, muy diferente, sin embargo, de un niño, que ignora quién es, qué debe hacer, por qué está en la tierra ...



A medida que envejece, pierde su inocencia, mientras que el hombre sabio, cuanto más inocente pasa el tiempo, más feliz, más seguro se presenta.



El ego se diluye en el ser profundo, y no hay tormento ni ansiedad en él.



En esta etapa no teme al futuro, no sufre los recuerdos del pasado, no se aflige con la llegada de la vejez, y mucho menos con la perspectiva de la muerte.



La autoliberación es también la forma más efectiva de entender a los demás, porque el individuo se conoce a sí mismo, después de haber descubierto de dónde vino, a dónde va y cómo alcanzar el nuevo nivel de felicidad.



Cuando la inteligencia se vuelve capaz de alcanzar un conocimiento más elevado y poderoso que el que es fruto de la reflexión, el campo se prepara para la autoiluminación, que puede surgir como relámpago o ser alcanzada suave y delicadamente...



Es esencial que todos los esfuerzos se apliquen a la conquista de la auto-iluminación, que se transforma en la identificación de la verdad, la comprensión de Dios, en la que el razonamiento da paso a la intuición, a la captura completa del Pensamiento Cósmico.


Si el ser iluminado entiende que uno no pertenece y que todo el esfuerzo en favor del prójimo y del mundo en el que se encuentra, forma parte de su vida.


Cuando Jesús dijo que el reino de los cielos está dentro de nosotros, creó la posibilidad de que, a partir de la auto-iluminación, el individuo ya lo haya penetrado y comience a fructificarlo.


La iluminación no tiene límites, porque su campo de expansión es infinito.


Gracias a este logro, se alcanza una etapa superior de comprensión que refleja inusualmente la belleza de la existencia y la evolución.


Se puede afirmar que el propósito principal de la existencia corporal es el logro de esta admirable experiencia.


No se supone que sea algo inalcanzable, lo cual es solo para aquellos que se contentan con la existencia sensualista, trabajan las pasiones de servidumbre y los placeres adormecedores de los órganos sensoriales.


La autoiluminación rompe esta barrera preventiva.


Aparte de la realidad de la vida inmortal, el candidato a la iluminación interior avanza trabajando los sentimientos, desarrollando la compasión por la vida y por todos los seres sintientes para que el amor domine los paisajes del corazón.


Enfoca tus pensamientos en Jesús, e incluso sin apartarte de los deberes que te conciernen con la familia, la sociedad y los demás, trabaja en la expectativa de la auto-iluminación.


Después de experimentarlo, nada más te perturbará, proporcionándote comprender el estado numinoso, libre y samadi del reino de los cielos.


Bibliografía:

Franco, Divaldo Pereira. 2013. Vida, desafios y soluciones. Por el Espíritu Joanna de Ángelis.

Franco, Divaldo Pereira. 1985. Invitaciones a la vida. Por el Espíritu Joanna de Ángelis.

Kardec, Allan. 1857. El libro de los Espíritus. Introducción.

Xavier, Francisco Cándido. 2000. Atención. Por el Espíritu Emmanuel.





  

sábado, 25 de marzo de 2023

ESPIRITISMO Y TRANSFORMACIÓN HUMANA

 

 ACCIÓN DEL ESPIRITISMO EN LA TRANSFORMACIÓN HUMANA

 

 

Tres son los elementos fundamentales que el Espiritismo utiliza para transformar la humanidad en una sociedad mejor:


1. Amor,
2. Trabajo,
3. Solidaridad.


1 - El amor


Incluye la comprensión y la tolerancia, pues quien ama comprende al ser amado y sabe tolerarlo en todas las circunstancias. Abarca también la Verdad, pues quien ama sabe que el objetivo supremo del Amor es la Verdad. Nadie ama la mentira, pues hasta los mentirosos apenas soportan la falta de la verdad.


Con el desarrollo psicobiológico, el amor egoísta del hombre a sí mismo se transmuta, según ya vimos, en amor altruista, amor a los otros; que expandiéndose desde el núcleo familiar engloba también a la Sociedad, a nuestro país y a la Humanidad.

 

Algunos espíritas dicen que los espíritas no tenemos patria, porque sabemos que podemos renacer en diferentes países. Eso es absurdo, pues entonces tampoco amaríamos al padre ni a la madre, que con frecuencia varían en diferentes encarnaciones.


El Amor no tiene límites, pero nosotros, los hombres, somos creaciones limitadas y estamos restringidos, en cada existencia, por las limitaciones de la condición humana.


Amamos de manera especial a quienes están unidos a nosotros en esta vida o a los que se unieron a nosotros en vidas anteriores.


Amamos a todos los seres y a todas las cosas en proporción a nuestra disposición mental para comprender la realidad. Y amamos nuestra tierra, el mundo en que nacemos y vivimos, y a la gente a que pertenecemos, sección de la población mundial que corresponde a la población de nuestra Tierra. Y amamos a nuestro planeta Tierra y a toda la humanidad que la puebla, compañeros nuestros y maestros en esta divina aventura por el camino del progreso evolutivo. Y amamos a los que están más allá de la Tierra, en las zonas planetarias espirituales, como amamos, por intuición mental y efectiva a todos los seres y cosas de todo el Universo.

 

Lo ilimitado del amor se impone a los límites temporales de nuestra condición actual. Y ese es nuestro primer escalón hacia la trascendencia espiritual. En la medida en que nuestra capacidad infinita de amar se concretiza en realidad afectiva (nacida de los sentimientos profundos y verdaderos del amor) sentimos que nos vamos elevando a planos superiores de afectividad intelectual y moral, y vamos al mismo tiempo aumentando nuestro respeto a todas las manifestaciones de la vida y de la belleza en todo el Universo.

 

El Amor no es placer, ni preferencia, ni deseo: es afección; es decir, afectividad en acción, flujo permanente de vibraciones espirituales del ser que se expanden hacia todo lo que forma la realidad. Fue por eso que Francisco de Asís amó con la misma ternura y el mismo afecto, llamándolos hermanos, a los minerales, a los vegetales, a los animales, a los hombres y a los astros en el infinito. Las ondas del Amor alcanzan todas las distancias, alturas y profundidades, aunque no puedan ser medidas como hacemos con las ondas hertzianas de la radio.

 

Después de sobrepasar los límites posibles de la Creación, el Amor alcanza su objetivo principal, que es Dios, y en Él se transfunde. El Espiritismo profundiza el conocimiento de la Realidad Universal; no pretende modificar el Mundo en que vivimos por medio de cambios superficiales en sus estructuras. Esa es la actitud de los hombres ante los desequilibrios e injusticias sociales. Mas l@s espíritas van más allá y más hondo buscando las causas de los efectos visibles. Si queremos apagar una lámpara eléctrica, nada adelantamos con soplarla, es necesario desactivar el conmutador que permite el flujo de la electricidad.

 

Si queremos transformar la Sociedad, nada adelantamos con modificar su estructura hecha por los hombres, sino que hemos de modificar a los hombres que modifican las estructuras sociales. El hombre egoísta produce el mundo egoísta, el hombre altruista producirá el mundo generoso, bueno y bello, que todos deseamos. No podemos hacer una buena plantación con malas simientes. Tenemos que mejorar las simientes. 

 

Las relaciones humanas se basan en la afectividad humana. Entre corazones insensibles no hay afecto, y cuando éste falta el dolor campea en el mundo, pues solamente él puede enternecer los corazones endurecidos. El Espiritismo enseña que el corazón de piedra es duro porque le falta comprensión de la realidad debido a la influencia de tradiciones negativas religiosas que el hombre desarrolló en tiempos salvajes y brutales. Cuando se ha ofrecido a los hombres una visión más humana y más lógica de la Realidad Universal, sus relaciones han mejorado.

 

El Espiritismo surgió en una etapa de acelerado desarrollo cultural y espiritual, en que los espíritas contaron y cuentan con los mejores medios de que la humanidad terrestre haya jamás dispuesto para adquirir conocimientos y progresar. En esta época hay que recuperar el amor por la doctrina de la que hablaba Urbano de Asís Xavier, médium destacado brasileiro; recuperar el amor por los compañeros que se dedican a sembrarla renunciando a sí mismos y a sus propias condiciones profesionales e intelectuales; recuperar el amor por el pueblo hambriento de esclarecimientos precisos y seguros; recuperar el amor por la Verdad que continúa sofocada por las mentiras de las tinieblas.

 

Los médiums de grandes posibilidades se ven rodeados de multitudes de aprovechados, que los llevan casi siempre al fracaso o al agotamiento precoz. Solamente los interesados los procuran: los que pretenden aprovechar sus obras en beneficio propio; los que desean solamente presentarse como íntimos del médium; los que procuran consolación pasajera con su presencia; los que buscan chuparles los beneficios fluídicos, etc....


Los mismos médiums acaban muchas veces desanimados y desviándose hacia otros campos de actividades buscan donde poder gozar, por lo menos, de convivencias menos penosas. La explotación inconsciente y consciente de los médiums por los propios adeptos de la doctrina, es uno de los factores más negativos que entorpecen el desarrollo del Espiritismo en el mundo. La contribución que estos médiums podrían dar para la ejecución de las metas doctrinarias se pierde en las menudencias de las consultas personales y los mensajes cotidianos semejantes a confesiones religiosas, tocados más de emoción embaucadora que de raciocinio y esclarecimiento. Eso es lo que todos piden, como niños llorones acostumbrados a dormirse con la monotonía del arrullo. Incluso hasta un médium como Arigó, dotado de un temperamento agresivo como el de Joao Batista y asistido por una entidad positiva como el dr. Fritz, acabó envuelto en una red de intereses contradictorios que lo envolvieron en maniobras que lo aturdieron, mezcladas con calumnias y campañas difamatorias que lo llevaron, en su ignorancia de labriego inculto, a precipitarse, sin quererlo, a su destrucción precoz.

 

Cada espírita, al aceptar y comprender la grandeza de la causa de las Enseñanzas y su finalidad suprema - que es la transformación moral, social, cultural y espiritual de nuestro mundo- asume un serio compromiso con su propia conciencia.


La aparición de un médium como Chico Xavier o Arigó no tiene ya el sentido restringido que tenía la aparición de una pitonisa o de un oráculo en el pasado, sino que tiene una importancia similar a la que tuvo la aparición de un Juan Bautista o de un Cristo en la fase crítica de la caída del mundo clásico grecorromano, durante la trágica agonía de la civilización mitológica. 

 

Actualmente, después de más de un siglo de siembra espírita, en la hora cierta y precisa de la cosecha, vemos nuevamente al pueblo elegido ocupado en intrigas a la Puerta del Muladar, mientras “los romanos crucifican entre ladrones” a quienes se habían sacrificado en reencarnaciones providenciales.


Esa mentalidad de lechuzas agoreras y de troyanos que no escuchan a Casandra, proviene del egoísmo, (esa lepra del corazón humano, según la expresión de Kardec), del comodismo y del prejuicio mental.

 

La falta de estudio serio y sistemático de la doctrina, que permite la infiltración de elementos extraños en el cuerpo doctrinario causándole deformaciones superfluas imaginadas como novedades, envilece con la marca de Caín la conciencia espírita de los grupos de traidores. Esos traidores no traicionan solamente a la doctrina, al Cristo y a Kardec sino también a la Humanidad y al Futuro.

 

¿Dónde queda el principio del Amor en todo esto? ¿Cuál de ellos reveló amor a la Verdad? ¿Cuál probó amar y respetar la doctrina? ¿Cuál mostró amar a su semejante y quiso, por eso, realmente ayudarlo, orientarlo, esclarecerlo? A este fin superior sobreponen el interés falso y mezquino de pavonearse ante los ojos que necesitan luz, de presentarse con un conocimiento superficial ante los que nada saben, imponer a criaturas ingenuas su manera mentirosa de ver la enseñanza pura de Kardec.


El amor no está en los que se confabulan, en los que se comprometen recíprocamente para el engaño, implicándose en la solidaridad de la profanación consciente o inconsciente. El amor está en los que repelen la farsa y condenan el gesto egoísta de los que escamotean la verdad en provecho propio, llevando a multitudes ingenuas y desprevenidas a corromper la doctrina esclarecedora.


El amor en ese caso puede parecer impiedad, mas es piedad, puede asemejarse a la injuria y a la agresión, mas es ayuda y salvación. Las condenaciones violentas de Jesús a escribas y fariseos no fueron dictadas por el odio, sino por la indignación justa, necesaria, indispensable del Maestro, que sacudía a aquellas almas impuras para librarlas de la impureza con que corrompían a las almas sencillas.

 

Quien no tiene inteligencia para comprender eso, debe por lo menos tener la delicadeza del médico André Luiz, quien, arrojado a las zonas del umbral, se contentó con hacer trabajos de limpieza y lavado en los hospitales de los planos superiores para aprender la grandeza de la humildad, la nobleza de los pequeños, en vez de rebelarse contra las leyes divinas en la búsqueda de la Verdad.

 

El movimiento espírita, como todo el negro panorama religioso de la Tierra, está lleno de ignorantes revestidos o no de grados universitarios, que se juzgan maestros iluminados y son solamente los ciegos del Evangelio que conducen a otros ciegos al barranco. Impedirles cometer ese crimen de vanidad afrentosa es el deber de los que saben realmente amar y servir. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!” advirtió Jesús, no para condenarlos al fuego del Infierno, sino para salvarlos del infierno de sí mismos.


2 - El trabajo


Es exigencia del principio de trascendencia. El hombre trabaja por necesidad, como quieren los teóricos de la Dialéctica Materialista. Mas no sólo para suplir sus necesidades físicas de subsistencia y sobrevivencia. No solamente, como quieren los teóricos de la voluntad de poder, para adquirir poder. Ni siquiera, como también pretenden Bentham y los teóricos de la ambición, para acumular posesiones que representen poder. La búsqueda de las causas en ese campo, es trascendente.


En el desenvolvimiento de la Civilización, el trabajo individual se va extendiendo progresivamente, con los métodos de división del trabajo, hacia la fase superior del trabajo colectivo. Por eso, es en el trabajo y a través del trabajo como el ser humano se realiza como ser, desenvolviendo sus potencialidades.

 

La extrema especialización de la Era Tecnológica nació en las cavernas cuando en los primeros clanes el hombre se encargó de la guerra, de la caza y de la pesca, y la mujer de criar, alimentar y orientar a los hijos. La Revolución Industrial en Inglaterra marcó un momento decisivo en la evolución humana para la adquisición de la conciencia de solidaridad humana. Es mediante el esfuerzo común (y hecho en conjunto) de las relaciones del trabajo, como se desenvuelve el sentido de comunidad, comprobando la necesidad del principio espírita de solidaridad y tolerancia para el mayor rendimiento, mayor estímulo y mayor perfeccionamiento de las técnicas de producción.

 

La competencia del mercado, que estimula la ganancia y la voracidad de los individuos y de los grupos, de las empresas y de los sistemas de producción, se opone a la conjunción de las conciencias en la solidaridad del trabajo común que procura el bienestar de todos. Los teóricos que condenan a las comunidades de trabajo orientadas hacia el interés de la mayoría, reducen la finalidad superior del trabajo a intereses mezquinos de enriquecimiento de individuos y de grupos particulares. La propia realidad los contradice con el espectáculo gigantesco del trabajo de la Naturaleza orientada hacia la grandeza de todo.


Remy Chauvin considera a los insectos sociales como expresiones de sistemas colectivos de trabajo y de vida en donde el egoísmo individualista y grupal (socio centrismo) no impidió el desenvolvimiento normal de la solidaridad. La Naturaleza entera es un ejemplo que el hombre rechaza en nombre de su egoísmo, de su vanidad y de sus ambiciones desmedidas. Estos tres elementos funcionan en la especie humana como puntos de atracción hipnóticos que han impedido el libre flujo de las energías libres del trabajo, condensándolas en formas institucionales tiránicas. Los esfuerzos por romper estas formas dominantes por métodos violentos representan una reacción instintiva que lleva fatalmente, como lo demuestra el panorama histórico actual, a nuevas formas de organización. Ese círculo vicioso sólo puede ser roto por una profunda y general comprensión del verdadero sentido del trabajo, que no lleva a luchas y disensiones, sino a la conjunción y armonización de todas las fuentes y todos los recursos del trabajo, en los más diferenciados sectores de actividad. La proposición espírita en ese sentido, como fue en su tiempo la proposición cristiana original, encarna los más altos ideales de la especie, orientados hacia el trabajo comunitario en acción y fines.

 

Hegel observó, en sus estudios de Estética, que la dialéctica del trabajo se revela en los reinos de la Naturaleza. El mineral es la materia prima de las elaboraciones futuras, presentándose como la concentración de las energías que constituyen las reservas básicas; el vegetal es donación pues las fuerzas del mineral se abren hacia la floración y los frutos de la vida; el animal es la vida en expansión dinámica, síntesis de las elaboraciones de los dos reinos anteriores, que dirige esos resultados al futuro, a la síntesis superior del Hombre, en el cual las contradicciones se resuelven en la armonía psicofísica y espiritual del ser humano, dotado de conciencia.

 

Toca ahora a esa conciencia elaborar la grandeza de la Tierra de los Hombres (según la expresión de Saint Exupéry). Parece que Exupéry, aviador, poeta y profeta, representa el arquetipo actual de la evolución humana buscando el Infinito. Por eso, Simone de Beauvoir consideró a la Humanidad, no como la especie a que nos referimos por alegoría a los planos inferiores, sino como un devenir, un proceso de mutaciones constantes en dirección al futuro. 

 

Hoy somos todavía reflejo de los primates obtusos y violentos, antropófagos (según Tagore) devoradores de sí mismos y de sus semejantes, escarnecedores y corruptores de la condición humana. Pero mañana seremos hombres, seres humanos que encarnarán las fuerzas naturales bajo el dominio de la Razón y de la Conciencia. Tendremos entonces la República de los Espíritus, formada por la solidaridad de conciencias de que trata René Hubert en su Pedagogía General.

 

Como puede apreciarse de estos datos, la Enseñanza Espírita nos ofrece una precognición del hombre en su condición espiritual, sin las deformaciones teológicas y religiosas de la visión común, ataviada de supersticiones e idealizaciones superfluas. Habiendo penetrado objetivamente en el mundo de las causas, un siglo antes de que las Ciencias Materiales lo hiciesen, la Ciencia Espírita, experimental e inductiva -y que tiene ahora todos sus principios fundamentales endosados por aquellas, en investigaciones tecnológicas y de laboratorio- no formuló una estructura dogmática de suposiciones para imaginar al hombre después de la muerte y al hombre del futuro.


La imagen que nos dio del hombre nuevo hace un siglo está hoy plenamente confirmada por los hechos. La controvertida cuestión de la sobrevivencia espiritual fue resuelta tecnológicamente de manera positiva, comprobando la tesis espírita. Falta poco para que se rompa, en las manos ya trémulas de los teólogos, la Túnica de Nessus* bordada con los dogmas religiosos, que generó por todas partes angustias y desesperación.
*Metafóricamente, representa una o influencia destructiva.


Ahora estamos en condiciones de pensar tranquilamente en un futuro mejor para la Humanidad, en etapas mejores de su evolución. Podemos ahora integrarnos conscientemente a la gigantesca oficina de trabajos de la Tierra, preparando el camino de las generaciones venideras. Las revelaciones ya no nos llegan gratuitamente, pues como enseña Kardec, brotan de los esfuerzos en conjunto del hombre esclarecido y de los espíritus conscientes.

 

Los dos mundos en que nos movemos, el espiritual y el material, abrirán sus compuertas para que sus aguas se encuentren en el esplendor de una nueva aurora. Y el Sol que origina esa aurora ya no será una llama solitaria en la oscuridad total de los espacios vacíos, sino sólo una antorcha olímpica entre millones de antorchas que jalonan las conquistas futuras del hombre en la escalada sin fin de la Evolución. Prometeo no volverá a ser sacrificado por querer robar el fuego celestial de Zeus, porque ese fuego es el mismo que resplandecerá en el cuerpo espiritual de la resurrección, que brilla en el alma humana y define su naturaleza divina. 

 

Nos basta continuar en nuestro trabajo para tener nuestra parte asegurada en la Herencia de Dios, pues como enseñó el Apóstol Pablo, somos herederos de Dios y coherederos del Cristo. 

 

El conocimiento es nuestra fe, la cual no se funda en palabras, sacramentos e ídolos muertos, sino en la certeza de las verificaciones positivas y en las conquistas del trabajo humano, generador constante de nuevas formas de energía para la escalada humana a la trascendencia espiritual.


3 – Solidaridad


La solidaridad espírita se manifiesta particularmente en el campo de la asistencia a la pobreza, a los enfermos y desvalidos. El gran impulso en ese sentido fue dado, desde el inicio del movimiento doctrinario en Francia, por el libro El evangelio según el Espiritismo, de Allan Kardec, quien trabajó silenciosamente en la elaboración de esa obra, sin decir nada a nadie. Seleccionó numerosos mensajes psicografiados, procedentes de diversos países en los que el Espiritismo ya florecía. Su intención era señalar a los espíritas un derrotero para la práctica religiosa, basándose en lo que él llamaba esencia de la enseñanza moral de Cristo.

 

Conociendo profundamente la Historia del Cristianismo y las dificultades con que los originales del Evangelio habían sido escritos en épocas y lugares diferentes, tanto como el problema de los evangelios apócrifos y de las interferencias mitológicas en los textos canónicos y las interpolaciones ocurridas en estos, descartó todos esos elementos espurios para ofrecer a los espíritas una obra pura, despojada de todos los accesorios comprometedores. Su trabajo solitario y abnegado nos dio una obra maestra que cuenta con millones de ejemplares incesantemente reeditados en el mundo.

 

La solidaridad espírita no es solamente interna, entre los adeptos y compañeros. Se proyecta por lo menos en tres dimensiones.


a) en el medio social general de la comunidad espírita, más allá de los grupos domésticos y de las instituciones cerradas;

b) incluye a todas las criaturas vivas, protegiéndolas, amparándolas, estimulándolas en sus luchas por la trascendencia espiritual, procurando ayudarlas sin pedir nada a cambio, ni siquiera la simpatía doctrinaria, pues quien ayuda no tiene el derecho de imponer cosa alguna;


c) se eleva a los planos superiores para unirse a Kardec y a su obra, a todos los espíritus esclarecidos que luchan por la propagación del Espiritismo en el mundo, y a Dios y a Jesús en la Solidaridad cósmica de los mundos solidarios.

 

En estas tres dimensiones la Solidaridad Espírita realiza, como si estuviera apoyada en tres poderosas palancas, el esfuerzo supremo de elevar el mundo, estimulando a los seres humanos hacia la trascendencia espiritual. Las mentes que todavía no alcanzaron a comprender este proceso pueden encerrarse en grupos e instituciones de tipo eclesiástico, aislándose en ambientes de madriguera, donde los espíritus mistificadores y embusteros se guarecen fácilmente. Pero en la proporción en que los adeptos así aislados, o por lo menos algunos de ellos, procuren realmente comprender la doctrina, la situación se modificará, despertando a los indolentes hacia actividades mejores.

 

Todo trabajo espírita es exigente y penoso, porque participa de una gran batalla: la de la Redención del Mundo, iniciada por el joven carpintero Jesús, hijo de María y de José. Esa batalla no es la de Dios contra el Diablo, el extraño ángel de luz que se rebeló para fundar el Infierno. Esa ingenua concepción de las civilizaciones agrarias y pastoriles tuvo su tiempo y su función, su efecto de control en fases de barbarie, mas no pasa de ser una alegoría inadecuada para nuestro tiempo.


Todo en el Evangelio, como Kardec demostró, desde que es separado del clima mitológico, se vuelve claro y demuestra la posición evidentemente racional del Cristo. El joven carpintero no pertenecía a la era Mitológica y cerró esa época con su paso por la Tierra y la propagación de su enseñanza. El mito se vengó de él, pues también lo transformó en mito. Por mucho tiempo, hasta nuestros días, la figura humana de Jesús figuró en la nueva mitología, en la fase romana del Renacimiento Mitológico, en la que se destacó la figura del Emperador Juliano el Apóstata, que después de aceptar el Cristianismo se apostató y se empeñó en la salvación de sus dioses antiguos.

 

Los residuos de la mentalidad mitológica de las civilizaciones arcaicas, particularmente la griega y la romana, reaccionaron, como era natural, contra el racionalismo cristiano. De esa manera, en la mente de las poblaciones bárbaras del Imperio Romano decadente, Jesús fue transformado en un mito de la Era Agraria.


Los curas y obispos del Cristianismo naciente, todos impregnados por la carga mitológica de un largo pasado de ignorancia y supersticiones, no fueron capaces de comprender el racionalismo de las propuestas cristianas. Por el contrario, llenos de temor y espanto, contribuyeron a la deformación del cristianismo. Antes y después de la caída del Imperio, los cristianos hicieron concesiones necesarias a los pueblos bárbaros para absorberlos en el seno de la Religión Redentora.


Donde quiera que los cristianos se impusieran por la fuerza del número y de las armas, las iglesias paganas eran transformadas en templos cristianos, conservándose cautelosamente las tradiciones mitológicas más arraigadas.


El ejemplo clásico y más conocido de esa táctica romana es la Catedral de Notre Dame en París, que todavía guarda en sus subterráneos los restos de un templo de la Diosa Lutecia.


La diosa pagana fue conservada en el templo, mas con el nombre de Nuestra Señora, para que el pueblo ingenuo aceptase así el culto cristiano a María bajo el prestigio secular de la diosa pagana.

 

Blavatsky recuerda que la Diosa Ceres, divinidad de la fecundación y en muchas religiones más específicamente diosa de los cereales, proveyó al cristianismo naciente una de las más conocidas imágenes de nuestra Señora en la que ella está representada con el manto estrellado del Cielo, en pie sobre el globo terrestre: Ceres cubriendo la Tierra con su manto celeste para fecundarla.


Ese mismo proceso de transposición ocurre hoy en el Sincretismo Religioso Afrobrasileño y en las formas de sincretismo de otros países de América, donde los ritos y las figuras de los dioses o santos católicos son absorbidos por las religiones africanas trasplantadas por el tráfico negrero de esclavos al nuevo continente. Jesús se volvió Oxalá, nuestra Señora se volvió Lemanyá, San Jorge se volvió Ogum (dios de la guerra,) San Sebastián se volvió Oxum (dios de la caza, etc., etc....)


Basta que leamos El Libro de hechos de los Apóstoles, en el evangelio, y las epístolas de Pablo (anteriores a los Evangelios) para que tengamos la confirmación de esa verdad histórica. En la primera epístola de Pablo a los Corintios, en el tópico referente a los Dones Espirituales, tenemos una descripción viva del llamado culto pneumático (del griego: pneuma, espíritu) las sesiones mediúmnicas realizadas por los primeros cristianos y en las cuales, según las investigaciones históricas modernas, que confirman los datos de la Tradición, se manifestaban espíritus inferiores lleno de odio contra Cristo. Esas manifestaciones intimidantes fueron consideradas como diabólicas, reforzando la imagen tradicional del Diablo en la mente ingenua de los adeptos. La lucha entre el Bien y el Mal es simplemente el proceso dialéctico de la evolución. El Mal es la ignorancia, el atraso, la superstición. El Bien es el conocimiento, el progreso, la adecuación de la mente a la realidad. Esa es la gran lucha de las cosas y de los seres, representada por la revuelta absurda de Luzbel, Ángel de luz, que se entregó a la envidia y se convirtió en adversario de Dios.


Esos símbolos de un pasado bárbaro y distante todavía prevalecen en la Tierra como residuos míticos que el tiempo va desgastando en la misma proporción en que la Cultura se desenvuelve. La Ciencia se encargó de ajustar la mente humana a la realidad terrestre, los hombres se envanecieron y se negaron a sí mismos en las ideas materialistas, colocándose por debajo de todo cuanto existe. Duro castigo que el orgullo humano todavía no ha reconocido.

 

La Ciencia afirma que nada se pierde en la Naturaleza, todo se transforma. El hombre aprueba eso con entusiasmo y, sin saberlo, se ríe de sí mismo, pues no comprende que sólo él no subsiste, solamente él es polvo que revierte al polvo. Esa es la verdadera caída del hombre, que se rebaja al polvo en un mundo en que todo se eleva incesantemente en la dirección de los planos superiores.


La tentación simbólica de Jesús en el desierto se asemeja a la tentación de Buda en la floresta. Es la tentación de los hombres por la fascinación de los bienes terrenales. Cuando el hombre se apega a la tierra (con t minúscula porque nos referimos a la tierra que pisamos y no el Globo Terrestre), se niega a evolucionar y es reprendido por las fuerzas de la evolución, que lo impelen a salir de su cueva de insecto para alcanzar la condición existencial de su especie. La ley de la existencia no es el polvo, sino la trascendencia espiritual. 

 

Puede el hombre andar de rodillas por las calles y las carreteras, ayunar, mortificarse, usar cilicio cuanto tiempo quiera, mas con eso no se volverá mejor. Volverá a tener reencarnaciones difíciles y dolorosas para aprender, con el sufrimiento y con la decepción, que no se busca a Dios arrastrándose sino elevándose en el amor y en la dedicación a los otros.


Las prácticas religiosas de purificación son egoístas, aumentan la miseria humana y el apego del hombre a sí mismo. Las tentaciones que sufrimos no vienen del Diablo, sino de nosotros mismos, de nuestra ignorancia y de nuestro apego hipnótico a los bienes perecederos de la vida terrenal.

 

El Diablo es el ogro traganiños de los adultos, el espantajo de los supersticiosos.


Giovanni Papini, escritor católico italiano contemporáneo, en su libro IL DIABOLO, escandalizó al Vaticano, pregonando la conversión del Diablo. No podía admitir ese mito impío en su teología. El Padre Teilhard de Chardin, en sus estudios teológicos, negó la condenación eterna del Diablo. El Espiritismo se limita a señalar la naturaleza mitológica del Diablo y a demostrar, práctica y lógicamente, la imposibilidad de la caída del Angel Luzbel.


La evolución espiritual es irreversible. El espíritu que se elevó al plano angelical no puede retroceder, no puede tener envidia ni otros sentimientos humanos. El ángel malo es una contradicción en sí mismo, pues la Angelitud es la condición divina que el espíritu busca y alcanza en la existencia.


La lucha del hombre para transformar el mundo es la lucha del hombre consigo mismo, pues es él quien hace el mundo, y lo hace a su imagen y semejanza. Dios creó la Tierra y todos los mundos del espacio, pero dio cada mundo a los hombres que los habitan, para que ellos aprendan su oficio paterno de Creador, intentando crear el mundo humano que les compete.


Es evidente que existe el mundo físico, material, en que nacemos, vivimos y morimos. Y es también innegable que, sobre ese mundo físico y con sus materiales, los hombres han construido un mundo diferente, hecho de artificios humanos. El mundo material y su contraparte espiritual (que los científicos comienzan a descubrir como antimateria) constituyen el mundo natural. Mas sobre ambas partes de ese mundo natural los hombres construyen sus mundos ficticios.

 

Cada Civilización es un mundo imaginario que el hombre construyó con su trabajo, modelando en arcilla y piedra sus sueños y sus ilusiones. Esos mundos artificiales son el reflejo de las ideaciones humanas en la materia. Nosotros los creamos, alimentamos, desenvolvemos, dirigimos y matamos. Los mundos bárbaros creados en la Tierra eran ingenuos; los mundos civilizados, presentan una gradación que refleja la evolución humana, viniendo desde las civilizaciones agrarias, fantaseadoras y alegóricas, hasta las grandes civilizaciones orientales, masivas y arrogantes y las Civilizaciones Teocráticas, míticas y supersticiosas; llegando a las Civilizaciones Científicas, politeístas y pretenciosas, que se transforman en Civilizaciones Tecnológicas, materialistas y conflictivas y que morirán para dar lugar a la Civilización del Espíritu, en la búsqueda cultural de la Trascendencia.


Según Arnold Toynbee,
historiador británico, filósofo, autor y profesor de investigación de historia internacional, más de veinte grandes civilizaciones ya existieron en la Tierra. Ahora está surgiendo ante nuestros ojos y bajo nuestros pies una Nueva Civilización, la del Espíritu, que podemos llamar Cósmica o Espiritual. Es para preparar el advenimiento de esa Civilización del Espíritu que del Espiritismo surgió. Nada adelantamos con querer hacer del Espiritismo una religión dogmática, cargada de misticismo tonto o de materialismo alienante.


Las nuevas generaciones que se encarnan para realizarlo no temen a Dios ni al Diablo, simplemente confían en los planes irreversibles de Dios, que se ejecutan según las leyes de la conciencia humana en relación telepática permanente con las entidades angelicales al servicio de Dios. El Espiritismo es la Proposición de Dios, ratificada por los Espíritus Superiores, para la transformación y elevación de la Tierra. 

 

"Curso de Espiritismo Práctico". Herculano Pires

 

 

                                                    

DOGMAS

  ¿EL ESPIRITISMO TIENE DOGMAS?                                                                  Abordamos aquí  la siguiente pregunta:  ¿El...